Sobre la Atlántida

Ahi va lo que encontrado por la red:

Sabemos por la tradición de Platón, que unos sacerdotes de Nelth, de Egipto, (una especie de notarios que asentaban en libros sagrados los acontecimientos más notables del mundo en aquellos tiempos), le contaron a Solón, éste a Sócrates y el último a nuestro informante:

Que existió hacia entonces unos 9,000 años (lunares), frente a las Columnas de Hércules, opuesto al estrecho, una inmensa, hermosa isla en el Océano Atlántico, en cuyo centro se levantaba una montaña, no muy alta.

Dicha isla, según la mitología griega, fue gobernada por Neptuno, quien tomó por esposa a Clito, con la que tuvo 10 hijos y fortificó la colonia en que vivían, haciéndola inaccesible, con convertirla en una isla, dentro de la otra, que era un verdadero Continente, mayor que el Africa y el Asia unidos. (Este error es perdonable, porque no conocían entonces los límites de aquellas tierras).

Comparado con la extensa isla y el mar que la rodeaba, todo lo que quedaba atrás de las Columnas de Hércules, hacia el Mediterráneo, parecía un puerto de angosta entrada porque aquella se extendía hasta estar contigua a las Islas de Barlovento, (pequeñas Antillas), lo que hace verosímil la versión que sus habitantes podían llegar a través de ellas a las dos Américas, especialmente al Perú y la Nueva España, tomando sobre todo en cuenta que las Américas deben haber quedado más cercanas todavía a los lugares de su desprendimiento.

La gente de la Atlántida comerciaba con la de otras islas y la de tierra firme.

Cuando los hijos de Neptuno habían crecido, éste repartió entre ellos su Reino, el que no se limitaba a la isla, sino se extendía a los Continentes contiguos, tocándole al mayor de ellos, Atlas, (cuyo nombre se perpetuó en la Atlántida y la elevada Cordillera al N.O. de Africa, que quedaba frente a la isla), el Gobierno de la parte más ancha de ella, que era también la más fértil y de elevada estructura.

El Reino de los Atlántides se convirtió en próspero, progresista y poderoso, que ensanchó su dominio por medio de la conquista, avasallando a todos los pueblos del Norte de Africa, hasta llegar a Egipto; lindaba con la Tyrrhencia en Italia y comprendía toda Asia. (Desconocían los límites de dichos Continentes).

Los Atlantes eran altos, rubios, orgullosos y atrevidos, que cruzaban el océano, eran maestros en la construcción de naves, puertos y palacios, cuyos últimos decoraban con bronce, estaño y orocalco, un extraño metal que brillaba como el cobre. (Probablemente latón, que usaban).

Estos hombres amaestraban elefantes, cultivaban bien los campos, sembraban cereales y legumbres, tenían huertas con árboles frutales, hacían obras hidráulicas en la parte central de su dominio, en la que formaron una lista de 125 leguas de longitud y 83 de anchura, cruzando la región con zanjas de riego, rodeado por un canal de 100 pies de profundidad, 200 estadios de anchura de circuito, alderredor de un extenso, fértil valle de forma cuadrilonga.

Este acueducto recibía las aguas que se precipitaban de las montañas, que limitaban la planicie, las que después de tocar la ciudad, desaguaban en el mar, formándose así una isla, que era maravilla de arte y de poder.

La Metrópoli quedaba rodeada por varios recintos concéntricos, alternados de tierra y agua, alimentada esta última por el mar, formando así no solamente un puerto, sino una defensa alderredor de la ciudad.

La Atlántida una forma cuadrilonga recta y alargada, y no cuadrada como la que tiene el jeroglífico de los aztecas y del Museo Nacional de México.

Cada 5 o 6 años se congregaban las 10 Reyes Atlantes, para ponerse de acuerdo referente a los asuntos de Estado y para investigar y castigar los crímenes cometidos.

La legislación era arbitraria, siempre que no se trataba de juzgar a miembros de la Casa Real.

El uso de los baños era general, hasta extremoso entres los habitantes de la Atlántida, cuya última palabra quiere decir: cerca del agua, siendo en griego atlatlán a aztlán.

Uno de los hijos de Neptuno gobernaba la parte de la isla que quedaba frente a lo que es hoy la España, región que dominaban bajo el nombre de “Iberos”, cuyo idioma, el vascuence, no tiene parentesco con otros europeos, el que se habla en el Norte de dicha península y Sur de Francia.

Sucedió entonces, según el relato de los sacerdotes egipcios de Sais, (según cómputo de años lunares, aconteció el Diluvio Bíblico en 2379 A.J.), que los Reyes de la Atlántida habían formado una grande y maravillosa potencia, cuya fuerza reunieron para dar un golpe a nosotros, (Egipto), a vuestro país, (Grecia) y a todos los demás pueblos de este lado del Estrecho.

Pero los Dioses, que envidiaban el progreso de los Atlantes, los marcaron para su destrucción y bajo estas circunstancias vuestra ciudad (Atenas), oh Solón, hizo brillar, en todo lo que valía, su valor y poder, librando al triunfar, los pueblos sojuzgados.

Entonces ocurrieron terribles temblores e inundaciones, desintegrándose la Atlántida, la que desapareció con todos sus habitantes, en un solo día y una sola noche y cuantos guerreros vuestro que había, desaparecieron y a su vez en la tierra entreabierta.

La desaparición de la Atlántida causó un obstáculo insuperables para la navegación, por la gran cantidad de fango que la isla dejó al hundirse, quedando obstruida la salida por el Estrecho de las Columnas de Hércules.

(Esto prueba una vez más, que la Atlántida quedaba muy cerca al Continente frente a la salida del Mediterráneo).

Con la destrucción de Atenas sucumbió casi toda la gente culta de Grecia, sobreviviendo solamente montañeses de deficiente educación, por lo que se entiende que los egipcios no los hubieran registrado en sus sagrados libros.

La causa del desastre debe buscarse en el levantamiento de la inmensa región del Himalaya y Transhimalaya, que causó el Diluvio Bíblico ya descrito, cuyo acontecimiento, como se entiende, vino acompañado por fortísimos temblores terrestres.

La desaparición repentina de todo un extenso Continente como era la Atlántida, no halló en aquellos tiempos otra explicación, que la que se forjaron los pueblo del Mediterráneo, atribuyéndola a la envidia de los dioses, lo que no extraña, ni de que haya todavía hoy personas que dudan que el continente perdido existió, tomando el relato de Platón por fábula, como si un sabio, de tan bien cimentada reputación, se hubiera prestado a embustes.

Por lo que antecede no queda duda, que la Atlántida quedaba muy cerca a la salida del Mediterráneo y sabemos que los Fenicios trajeron oro de lo que se cree fue el Perú, pasando los Atlantes a través de las Islas de Barlovento a las Américas, lo que robustece la creencia y es de creerse, que los desprendimientos de los viejos continentes Palaearctis y Gindwana, no llegaron desde luego a los lugares que hoy ocupan, sino escalonadamente, quedando empujados por el gigantesco oleaje del Diluvio Bíblico, no contando con enraizamiento suficientemente profundo, desapareció entre las olas la Atlántida.

No es de creerse que en tan remotos tiempos, con vías de comunicación y medios tan deficientes, tantas naciones, como las representadas en mi colección de cerámica, oriundos del Mediterráneo, en parte enteramente salvajes, pudieran en frágiles barcos haber llegado hasta donde se encuentra hoy el Nuevo Mundo, si éste desde luego hubiera ocupado su ubicación actual, sino se entiende que las Américas y las Islas mucho más cerca todavía de los lugares de su desprendimiento.

El relato de Platón sobre la existencia de la Atlántida, no es la única fuente que prueba que ésta existió, porque Homero, que vivió 100 años antes del tiempo, en que los sacerdotes egipcios le refirieron su historia a Solón, hablaba ya de un país en el Océano, fuera de los límites de tierra firme, llamado “El Eliseo”, tierra dichosa en que no se conocían ni inviernos, ni tempestades, la que menciona también en su Odisea, llamándola en ella: Is
la Afortunada, colocándola cerca de las Canarias, Azores y otras partes del Atlántico, cuya existencia entonces no se puso en tela de duda hablándose de la felicidad de la que debían disfrutar en ella.

Aristóteles nos hizo saber que la Atlántida era muy extensa en longitud, describiendo su ubicación como frente a las Columnas de Hércules, poblada de bosques, no dejando de mencionar sus tierras de riego.

Marcelo nos recuerda que la Atlántida como isla más grande que la Liberia y el Asia unidos. (También él desconocía sus límites).

Según datos no muy exactos, queda una diferencia de varios años entre la destrucción de Atenas y la desaparición de la Atlántida, pero es de creerse que ambos acontecimientos se registraron a un mismo tiempo, es decir aproximadamente entre los años 2379 y 2374 A.J., motivados por el Diluvio Bíblico.

Interesante en el relato de los sacerdotes de Sais es también la mención de los Hebreos, como vecinos de los Egipcios, lo que robustece la afirmación de Heile Selassie, de que él es el León de Judá y que posee las tablas legislativas de Moisés, con lo que llega a la compresión que el rico y extenso país de Abisinia, es la verdadera patria del pueblo de Israel, lo que, de comprobarse esto, debería devolvérsele.

Jamás olvidan, ni perdonan los pueblos la pérdida de su patria, ni parte de ella, ni el aldeano la de su terruño más insignificante, cuyo hecho bien comprobado, olvidan siempre de nuevo y no lo toman en cuenta los estadistas, que hablan de libre determinación de los pueblos y derecho del prójimo; para atropellarlo constantemente, dando así fundado motivo para nuevas, cada vez más desastrosas guerras de exterminio.

Las islas Azores y Canarias son, según Platón, restos de la Atlántida.

Los supervivientes Atlantes se radicaron unos, al Norte de la península Ibera, salvándose otros en sus barcos, sea a través de las Islas de Barlovento, o arrastrados con sus barcos, con huracanada velocidad, directamente hacia el Continente Americano, en donde emprendieron según dicen, su peregrinación, atravesando el Norte, hasta llegar al Lago Salado, de donde torcieron hacia el Sur, pasando por Sonora y Sinaloa, radicando por fin en tierras de Anáhuac, en donde fundaron el imperio más poderoso de aquellos tiempos, extendiendo su dominio más tarde hasta CentroAmérica.

El Lago Salado mencionado, fácilmente representa un resto del oleaje diluviano, que llevaría probablemente las naves atlantes directamente hasta las Montañas Rocosas, de donde emprendieron las náufragos, siguiendo a dicha cordillera, su caminata hacia el Sur.

El jeroglífico de la peregrinación de los aztecas, que existe en el Museo Nacional de México, representa como un punto de partida una isla cuadrada y no cuadrilonga, como era la Atlántida, rodeada por agua, como aquella, con una pirámide escalonada en medio, tres calli por cada lado, como signo de población y 6 más con 2 personas, hombre y mujer, indicando familias o tribus, ostentando el edificio central el signo de la Atlántida.

Se afirma que si el idioma de los Atlantes, el vascuence, no se parecía a ningún otro idioma europeo, si tenía afinidad con el de los Nahoas y Aztecas, de los que los últimos emprendieron su caminata a México, desde el Lago Salado de Norte América, por el año 1300 de la Era Cristiana, o sea aproximadamente 3675 años después de la desaparición de la Atlántida.

Los tipos humanos de mi colección de cerámica, que creo haber identificado como Atlantes, representan una bella raza, de aspecto civilizado y gallardo, mientras que los Aztecas, como los Nahoas, que quieren hacer aparecer como descendientes de aquellos, a juzgar por su representación en el jeroglífico mencionado arriba, tienen el aspecto y los modales de indígenas.

Con ello no quiero haber dicho que unos no desciendan de los otros, porque si su idioma tiene realmente afinidad con el vascuence, entonces se explica el cambio radical de su fisonomía, por el largo tiempo transcurrido, desde que algunos Atlantes náufragos, dispersos en el Continente Americano, se quedaron atrás, cuando los demás emprendieron su caminata a México, mezclándose los descendientes de los que quedaron, durante los miles de años que siguieron a la catástrofe del Diluvio Bíblico, con los Pieles Rojas de Norte América.

A favor de esta teoría habla
el hecho, que los Aztecas conservaron un vago, legendario recuerdo de la descendencia de sus antepasados y de la historia de su raza, explicándose así la afinidad entre los idiomas y el aspecto tan cambiado de su raza, cuando los descendientes por fin se resolvieron a seguir el ejemplo de su lejanos parientes, emprendiendo a su vez la peregrinación a México.

La raza de los Nahoas procedía también de Oriente, cuyo nombre se ha querido derivar de Nahuí, (centro), en vez de náo, es decir barco, significando Nahóa probablemente: el que maneja el barco.

Al emigrar los Nahoas de Norte América, fundaron Tolán, o Tula, capital de su Imperio, que subsiste en México, en el Estado de Hidalgo, cuyo nombre les recordaría a la Tolán Oriental, de la procedencia de sus mayores.

Tula, la capital de la Atlántida, se ha buscado en las Hébridas, Orcadas, Féroe en Noruega, Juetlándia, Islas Shetland, Islandia, etc., pero seguramente se encontraba en al misma Atlántida, cerca de las Azores, que según Platón son restos del Continente perdido, de cuyo paradero actual se habla más adelante.

El Popol Vuh, libro sagrado de los Quichés, pueblo de la América Central, menciona a Tolán, país situado por el Este, en donde recogían sus Reyes las confirmación de su autoridad soberana.

Según el manuscrito: “Cakchiquel”, hubo 4 Tolán, una al otro lado del mar, de donde procedían los que vivían en la Tolán Xibalbay y de América.

El Popol Vuh, mencionado ya, nos dice que 3 hijos del Rey de los Quichés, a la muerte de su padre, queriendo cumplir con lo que se les había ordenado, determinaron ir hacia el lugar de donde sus padres habían venido, para recibir allá la Autoridad Real; por cuyo motivo se despidieron de sus hermanos y amigos, prometiendo volver.

Cuando llegaron a Nacxit, lugar de su destino, el Gran Señor, Unico Juez, cuyo poder es ilimitado, les concedió la investidura de la Autoridad Real, que la representa y sus insignias, todo lo cual trajeron a su regreso, así como el arte de pintar de Tolán, (un sistema de escribir, para poder recordar las cosas importantes de su historia).

Esta noticia nos da a conocer la influencia de los Reyes Atlantes, originarios de Aztlán, de la Atlántida, del otro lado del mar, cuyo poder y dominación se extendía hasta las Américas. Todo lo cual confirmaron los sacerdotes egipcios, siendo la civilización de los Quichés un reflejo de la Atlántida, y Tolán una población de ella, en donde los Reyes tributarios recibían instrucción y autoridad.

El Reino hacia donde quería volver a reinar Quetzalcoatl, se llamaba Tlalpallán, situándolo Platón hacia donde estaba la Atlántida, aunque muy bien podía haber sido un viking, a cuya escuadra de botes alados le sorprendería el oleaje del Diluvio Bíblico.

Existió mucha analogía entre las Leyes, costumbres y usanzas de los Atlantes con las de los antiguos pobladores del Perú, lo que hace aparecer como verosímil que tanto éstos, como los Fenicios acostumbraban visitar los Continentes Americanos, cuando éstos se encontraban todavía cercanos a los lugares de su procedencia.

Investigadores, empeñados en encontrar los restos de la Atlántida, señalan para ello el Mar del Sargasso, que principia a la altura de los Azores y se extiende casi a las Antillas, cuyo mar, a juzgar por lo que afirman los navegantes, tomando dicho hecho como una comprobación de la existencia de un continente sumergido.

Considero esto un error, porque el mar de sargasso tiene una profundidad de 6 a 7,000 metros, a cuya distancia no se distingue el color de plantas marítimas en el fondo, teniendo el hecho, de que verdea, por explicación, que por allá pasa la corriente del Golfo de México, que tiene 20ºC de temperatura a arrastra una gran cantidad de algas.

No conforme con la suposición anterior por lo expuesto, logré, al observar el mapa de las profundidades de los mares, en folio 3-4 del Gran Atlas de mano, de Andree, de 1928, averiguar en donde quedó realmente el mítico Continente perdido, el que empujado por el oleaje del Diluvio Bíblico, mar adentro, llegó por el Norte hasta las cercanías de Nueva Fundlandia, por el grado 50 de latitud, incluye a las Azores, en donde tiene su mayor anchura, deja al Este las Islas del Cabo Verde y sigue cu
lebreando más angosto, muy largo, hacia el Sur, terminando por el Ecuador, frente al Brasil, con la Isla de San Paúl.

Claramente se destacan los contornos, por la diferencia de las profundidades por su lados, que son mucho mayores, que las en que quedó el Continente desaparecido, correspondiendo hasta sus contornos a las partes de la Europa y Norte de Africa, de las que se desprendió originalmente.

Ondulando la Isla entre los grados 20 al 50 de longitud, se registraron las siguientes profundidades:

Profundidad en la que quedó la Atlántida:

Profundidad del mar por sus lados:

Por el Ecuador, cerca de la Isla de San Pául

1900 Mts.

4000 y 4520 Mts.

Por el grado 10 de latitud

3470 Mts.

4900 y 6100 Mts.

Por el grado 20 de latitud

3430 Mts.

4330 y 5540 Mts.

Por el grado 30 de latitud

3620 Mts.

6490 a 6290 Mts.

Por el grado 40 (Azores)

2320 Mts.

4000 a 4440 Mts.

Por el grado 50 (NuevaFundlandia)

180 a 200 Mts.

3920 a 4000 Mts.

Contra esta prueba será difícil alegar algo, porque contra hechos no hay argumentos, sabiéndose además que la Atlántida era parcialmente de alto porte.

Según la relación que dio Platón y otros personajes de la historia, la Atlántida quedaba por la boca, frente a la salida del Mediterráneo, cuyo estrecho se ensolvó por tanto fango, al hundirse la isla.

Los azores que formaron parte de la Atlántida y pertenecen a la misma fracción desprendida, quedan ahora mucho más mar adentro, lo que comprueba mi teoría, de que al dejar de acompañar las fracciones desmoronadas el movimiento rotatorio de la Tierra, se quedaron detrás de él, hasta embarrancar de nuevo, quedando en este caso sumergida la mayor parte en el fondo del mar.

El Barón Don Alejandro de Humboldt relata en la descripción de sus viajes a la Regiones Equinocciales, que un misionero de los primeros tiempos del descubrimiento de las Américas, había asentado en sus memorias, que encontró en lo que es hoy la República de Venezuela, gente blanca, lo que él dudó, debiéndose haber tratado esto no obstante de descendientes de Atlantes o de Vikings, cuyas escuadras, sorprendidas por el oleaje del Diluvio, fueron arrojadas a aquellas playas.