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Hombre al agua – Men Over Board (MOB)

Si algún miembro de la tripulación se va al agua, la situación puede pasar de ser grave a ser muy grave dependiendo del estado de la mar y de la velocidad a la que se desplace el barco. Una persona siendo remolcada a 6 nudos por la cincha y su arnés ejerce una fuerza de resistencia brutal que puede incluso hacer muy difícil o casi imposible la respiración para el tripulante en el agua. Por ello debemos detener el velero inmediatamente poniendo proa al viento y largando todas las escotas.

Incluso a sólo 3 nudos la sensación de arrastre es muy fuerte y requiere sujetarse a la cincha para mantener la cabeza fuera de agua. Aquí como en todo, experimentarlo en primera persona es una buena lección y les proponemos en un perfecto día de verano con el agua cálida, ponerse el arnés y ser remolcado un momento por la embarcación auxiliar para conocer lo que se siente… El tirón es muy importante.

Si el hombre al agua no se encontraba agarrado a ninguna línea de vida, le veremos desaparecer con mucha más rapidez de la que podríamos esperar. Navegando a 6 nudos, el náufrago se alejará de nosotros unos 200 metros cada minuto. Y a 200 metros no es ya nada fácil ver a nadie y mucho menos si tenemos fuerte oleaje. Naturalmente que puede ser usted mismo el que se vaya al agua, por lo que es imperativo que todo el mundo a bordo, y no solo el patrón, sepan cómo actuar.

1)  Gritar “Hombre al agua”.
2)  Tirar el aro salvavidas y por la noche la luz de localización.
3)  Si el barco viene equipado con chart-plotter pulsar el botón de emergencia MOB (Men Over Board). En caso contrario anotar la hora y minuto de la caída. Apunte el rumbo de navegación para poder regresar por su rumbo contrario.
4)  No cambiar de rumbo hasta que el velero esté en condiciones de ir a la búsqueda del naufrago. Con Spinaker la maniobra lleva un tiempo.
5)  Un miembro de la tripulación no le quitará ojo y si es necesario alguien le pasará unos prismáticos para tenerlo siempre a la vista.
6)  Durante el alejamiento podemos ir lanzando por la borda defensas o cualquier otro objeto flotante para trazar una ruta para el acercamiento.
7)  Una vez que estemos en condiciones de arrancar el motor y no haya cabos flotando en el agua, haremos la maniobra de acercamiento a motor.

Nunca lo permita

– Que cunda el pánico y cada cual se ponga a hacer lo que le parezca más oportuno. El capitán debe dar las órdenes claras y concisas.

– Que otro tripulante se tire al agua para socorrerle. Esto hará el problema mucho más complicado, ya que tendrá que buscar a dos tripulantes y contará con uno de menos para ayudar en las maniobras de recuperación.

– Que se nos pierda de vista al náufrago. En el mar no es sencillo localizar una cabeza que se mueve entre las olas. Es sumamente fácil perderla de vista.

Las posibilidades de supervivencia descienden rápidamente cuando baja la temperatura del agua. Cuando el cuerpo se enfría a menos de 32 grados centígrados se produce el desmayo y por debajo de 30º la muerte por hipotermia. Con el agua fría a 5 grados el tiempo de supervivencia es de solo 2 ó 3 horas, y a 15 grados de apenas 6 horas. Por ello en el agua debemos movernos lo menos posible para evitar el enfriamiento del cuerpo. Si lleva ropa puesta no de la quite ya que esta crea una película de agua quieta que le mantendrá a más temperatura que desnudo. Si lleva el chaleco salvavidas, no necesitará mover piernas y brazos para flotar, y en estas condiciones, la posición fetal encogiendo piernas y brazos puede multiplicar por dos el tiempo de supervivencia.

Si al cabo de unos minutos ve que no es posible encontrar al tripulante no dudaremos en solicitar ayuda por radio lanzando un Pan-Pan en el canal 16 de VHF.
Indicaremos la urgencia del problema sin olvidar dar nuestras coordenadas, el nombre del barco y la hora y posición del hombre al agua.

Origen: http://www.fondear.org/infonautic/Hombre_y_Barco/Navegacion/Hombre_Agua/Hombre_Agua.htm

 

(H.C.N.) Hoy Centrales Nucleares

Lo que nos espera para los próximos 10 años….

Finlandia abre la veda nuclear

 

El temor europeo al cambio climático impulsa la construcción de una central atómica

ANA CARBAJOSA Rauma

Publicado en El PAIS, martes, 6 de febrero de 2007

Una espesa capa de nieve lo cubre todo, incluso el mar, que se confunde con la tierra. Sólo un pequeño puente da fe de que se trata de una isla, la que alberga la todavía embrionaria Olkiluoto3, la primera central nuclear concebida en Europa tras la explosión de Chernóbil en 1986. El miedo a los efectos catastróficos del cambio climático y la ansiada independencia de países como Rusia, poco fiables en su papel de suministradores energéticos han abierto de par en par la puerta a la opción nuclear, sepultada durante años.

Un mar de grúas da forma al caparazón del reactor de última generación y a un cementerio nuclear permanente a medio kilómetro de profundidad, único en el mundo, que guardará los residuos altamente radiactivos de toda Finlandia. Políticos y ciudadanos lo han acogido con los brazos abiertos. Paradójicamente ha sido la potente preocupación ambiental de los finlandeses, que ven en el uranio la única fuente de energía libre de emisiones de CO2, la que ha permitido que los deseos de la industria, que será copropietaria de la central, se hagan realidad. Tienen también los finlandeses fe ciega en los adelantos tecnológicos del reactor, según sus creadores, mucho más seguro y preparado incluso para resistir impactos de aviones como los del 11-S.

“El 90% de los finlandeses reconoce que el cambio climático es una realidad y nos piden respuestas a los políticos. Las metas que fija la Unión Europea de reducción de CO2, junto a la opinión de los ciudadanos y el clima político reinante, hace que sea el momento propicio para optar por las nucleares. Los grandes partidos finlandeses apoyaremos en breve la construcción de otra central más, la sexta”, indica el ex ministro de Asuntos Europeos Jari Vilén. Este diputado del opositor partido conservador acaba de volver de Rusia, y tras entrevistarse con políticos del Kremlin dice estar sorprendido por su actitud. “Tienen claro que Europa depende de su energía y no van a acceder a abrir su mercado con las condiciones que quieren los europeos, no habrá una carta de energía con Rusia en varios años”, asegura.

Olkiluoto3 es sólo el pistoletazo de salida en una Europa, consciente de su creciente voracidad energética y deseosa de reducir la dependencia del Kremlin -el 40% de las importaciones de gas y el 25% de las de petróleo de la UE proceden de Rusia-, y con el cambio climático como telón de fondo. Después de Finlandia, vendrá Francia con otra central en construcción. Lituania, Holanda, Polonia, Suecia, República Checa, Reino Unido, Eslovaquia, Rumania y Bulgaria ya han reabierto el debate nuclear, lo que en breve les conducirá a levantar nuevas centrales o a prolongar la vida de las existentes.

Oficialmente, Bruselas no impulsa la resurrección nuclear y deja la decisión en manos de los Estados miembros. Pero es un secreto a voces que el Ejecutivo comunitario cree que la competitividad de la UE depende en gran medida de un cóctel de fuentes de energía que incluye la nuclear. “Teniendo en cuenta que el tiempo que se necesita para construir una central ronda los 10 años, hace falta tomar decisiones ahora si se pretende construir nuevas centrales, si se quiere mantener la actual capacidad de producción”, dejó hace poco escrito Bruselas en uno de los documentos de la estrategia energética comunitaria. Fuera de la UE, Japón, Corea del Sur, China, India, Rusia y EE UU también tienen planes nucleares a la vista.

Mientras, la construcción de Olkiluoto3 y del primer cementerio nuclear permanente sigue su curso a pesar del gélido invierno que tiñe de blanco Finlandia. Ingenieros y obreros de 30 países tratan de ganar tiempo, después de que el proyecto haya sufrido un retraso de cerca de dos años, que impedirá que la central eche a andar antes de 2011 y que ha provocado pérdidas multimillonar
ias a la empresa contratista, la franco-alemana Areva. El incumplimiento de los plazos, causado por numerosos problemas técnicos y la falta de personal cualificado, llena estos días los titulares de la prensa finlandesa.

Philippe Knoche es el director del proyecto de Olkiluoto3 y ha acudido a la conferencia de prensa que cada mes se celebra en la central. Le toca explicar por qué el proyecto no marcha todo lo bien que debiera. Más tarde, en conversación con este diario, reconoce que los plazos que se fijaron inicialmente eran “demasiado ambiciosos” y explica las características del proyecto: un reactor de agua ligera a presión tipo EPR con una potencia eléctrica de 1.600 megavatios, “una evolución, no una revolución” comparado con modelos como Vandellós II o Trillo en España. Sin embargo, las mejoras no son comparables con las que tendrán los reactores de Generación IV, todavía en fase de I+D.

La novedad en Olkiluoto3 consiste en que han multiplicado los sistemas de seguridad, de forma “redundante y autónoma”. Es decir, que si en caso de accidente falla uno, se pondría en marcha el siguiente y así sucesivamente. Otra de las innovaciones del diseño es que han recubierto las estructuras con hormigón pesado, capaz de soportar la colisión de un avión de pasajeros o militar.

La seguridad reforzada del diseño podría verse minada, sin embargo, por la propia ejecución del proyecto, como denuncian no sólo los ecologistas, sino también Stuck, el organismo del Gobierno finlandés encargado de velar por la seguridad de la central, que ha detectado importantes deficiencias, aunque piensan que van camino de resolverse. “No han cumplido nuestros requerimientos y van a tener que rehacer algunas piezas, pero es sólo cuestión de tiempo”, indica Petteri Tiippana, responsable de la supervisión del proyecto en Stuck. Pero sí le preocupa la interminable cadena de subcontrataciones y la deslocalización excesiva de la fabricación y ensamblaje de los componentes. Francia, Japón, Alemania, Polonia o India son algunos de los 27 países en que se fabrican las piezas. “Cuanto más corta sea la cadena de subcontratación y menos subcontratistas haya, mejor será para la seguridad”, reconoce Tiippana, en la sala de emergencias, forrada de mapas y botones, y desde la que se controlará la respuesta de policías, bomberos y técnicos en caso de accidente nuclear.

Los habitantes de Rauma, la población que acaba a un kilómetro largo de Olkiluoto, no temen un accidente ni piensan en los peligros de la subcontratación. Lejos de haberse encadenado a las puertas de la central, piensan que será beneficiosa para el medio ambiente. “Ya hay dos centrales funcionando en la isla. No me preocupa que haya una tercera. El planeta se está calentando y alguien tiene que hacer algo”, se resigna a sus 43 años Sirpa, una camarera. Como ella, Juli Areila, maestra, asume con naturalidad la vida junto a la central. “Todos los cursos del colegio van de excursión a Olkiluoto. A mi hijo le toca la semana que viene. Los adultos también vamos. Es gratis y además nos dan café”, cuenta esta mujer de 40 años, que se ganó sus primeros sueldos limpiando los cristales de Olkiluoto1 y 2, que funcionan desde principios de los años ochenta.

Tomy Suvanto, teniente alcalde de Rauma, explica que eligieron su ciudad, de 37.000 habitantes, porque las papeleras de la zona consumen mucha energía y porque “como ha habido dos centrales en los últimos 30 años, estamos muy acostumbrados a vivir con ellas”. Tanto que, según cuenta, las cabañas de verano instaladas junto al mar, al pie de la central, se venden en el mercado al mismo precio que las que distan decenas de kilómetros. Además, no oculta su satisfacción por la fuente de ingresos que suponen los trabajadores extranjeros que han desembarcado en masa. Hasta han montado su propia escuela francesa.

Como los habitantes de Rauma, la mayoría de los finlandeses confía en la seguridad de las centrales. Según el Eurobarómetro de 2005, el 58% de ellos dijo estar a favor de la energía nuclear, una cifra muy elevada comparada con el apoyo del 16% de los españoles ese mismo año. Desde que en 2002 el Parlamento de Finlandia diera el visto bueno al reactor ahora en construcción, la población lo ha asumido como un proyecto nacional. Los empresarios, impulsores y copropietarios a través del consorcio TVO del proyecto, han visto cumplido su sueño después de años de intenso lobby. “En este país hace mucho frío y se gasta mucha calefacción. La industria papelera [uno de los motores de la economía finlandesa] tiene muchas necesidades energéticas. Además, los empresarios no pueden permitirse pagar la electricidad a un precio cada vez más alto”, sostiene Jouni Punnonen, experto en energía de la patronal.

A pesar de que Finlandia es el cuarto país con la electricidad más barata de la UE, Punnonen se queja de que los empresarios de su país no podrán competir con los chinos o con los de EE UU si tienen que estar sujetos al comercio de emisiones de CO2, con el que Bruselas pretende dar cumplimiento a los objetivos del Protocolo de Kioto. En virtud de este mecanismo, los Gobiernos europeos otorgan a la industria créditos para emitir una cierta cantidad de gases contaminantes, y si se exceden tienen que pagar la diferencia. La energía nuclear, que no produce dióxido de carbono, no está sujeta al comercio de emisiones.

En realidad, a la industria le sale casi lo comido por lo servido, porque el Gobierno finlandés, como muchos otros europeos, ha otorgado casi tantos derechos de emisión como precisan los empresarios. Aun así, Punnonen sostiene que el comercio de emisiones ha encarecido la electricidad de la que se nutren entre otras las papeleras, y que si los industriales, como está previsto, chupan la corriente directamente desde la central, se evitarán el filtro ambiental y pagarán menos por la energía. Este experto dice que lo que es bueno para los empresarios es bueno para el Estado.

Pero los ecologistas sostienen que también al Estado finlandés le va a salir cara la central, y en concreto el retraso que acumula el proyecto. “Al Gobierno le va a costar unos 300 millones de euros en créditos de emisión que no tenían previstos para los dos años de demora y en los que habrá que ir a buscar la energía a otra parte”, explica el encargado de los temas de energía de Greenpeace en Finlandia, Lauri Myllyvirta. La organización, que intentó sin éxito parar el proyecto, lamenta ahora que “los titulares catastrofistas de la prensa” sobre las consecuencias del cambio climático hayan abonado el terreno para los defensores de la opción nuclear. “A los políticos les resulta mucho más fácil convencer a la gente de que un reactor es seguro que de intentar que la gente use menos el coche o cambie su modelo de vida”.

Olkiluoto3 supone una salida en una Europa deseosa de reducir la dependencia de Rusia.

El 58% de los finlandeses confía en la seguridad de las plantas atómicas

 

Islandia 01. El país más seguro del mundo

John Carlin

El país del sol de medianoche, de las sagas de vikingos y de la seguridad sin Fuerzas Armadas es la próxima parada de estas ‘Crónicas de la vida’. John Carlin viaja a Islandia con la recomendación bajo el brazo del capitán de la selección nacional islandesa, que acaba de pasar a la lista de fichajes del FC Barcelona. Un futbolista atípico, procedente de un país atípico, que en 50 años ha pasado de ser uno de los más pobres de la Tierra a hacer tantas inversiones en el extranjero que sus bancos están creciendo a más velocidad que los de cualquier otro país.

Islandia tiene menos de 300.000 ciudadanos y, que yo sepa, sólo uno de ellos que viva en mi ciudad, Barcelona. Antes de ir allí pensé que sería conveniente hablar con él, ver si podía darme un par de pistas, quizá sugerir gente a la que conocer. Me dijo que podíamos quedar al día siguiente. Me sorprendió. Cualquier periodista al que se le pregunte sabe que no existe nadie más difícil de convencer para una entrevista que un futbolista profesional de primera. Políticos, escritores, actores, son fáciles. Futbolistas, una pesadilla. Es comprensible. Lo suyo no es hablar. Es jugar. y, sin embargo, la gente parece esperar que sean tan duchos con el lenguaje como con el balón. No suele ser así.

Eidur Gudjohnsen, el fichaje islandés que ha hecho el Barça este verano, es la excepción a la regla. A un montón de reglas. Si se le pusieran alas, sería un ángel. De rasgos exquisitamente finos, .cabello rubio platino y más delgado de lo que parece en televisión, tiene además el don de las lenguas. Habla seis idiomas, y el séptimo está en camino. “El español parece fácil”, dice, sin arrogancia, como quien enuncia un hecho.”Lo aprenderé enseguida”. Se muestra franco, confiado, sereno. Le encanta ser islandés y se enorgullece de ser capitán de la selección nacional. ¿Incluso aunque casi siempre hayan perdido? “Somos un país pequeño que se cree grande”, explica el ángel en perfecto inglés. “Tenemos grandes ambiciones como nación, y eso da a los islandeses una gran camaradería. Yo la veo cuando juego en la selección nacional. Ser el capitán de mi país es maravilloso. Podemos estar perdiendo, pero siempre hay un espíritu positivo, un puño en el aire, la convicción de que podemos darle la vuelta al marcador”.

¿Qué es lo que le gusta de Islandia? “La frescura del aire, la frescura que tiene todo. Es incomparable. Me gustan las 24 horas de luz natural en verano, que puedo empezar una partida de golf a medianoche y acabada a las cuatro de la mañana. La comida me parece estupenda”. ¿La comida…? “Magníficos restaurantes en Reikiavik, créame”. Vale, ¿y qué más? “Me gusta el paisaje. Cuando vuelvo a Reikiavik después de una temporada fuera, subo a una elevación que se encuentra en el centro de la ciudad y observo las montañas de alrededor, y .esa vista siempre me emociona”. Pero lo mejor -lo mejor de todo lo que tiene Islandia para Gudjohnsen, un hombre que, a sus 28 años, ha viajado por todo lo largo y ancho de este mundo- es lo seguro que es. “Tengo dos hijos pequeños, de cuatro y ocho años. Cuando estoy en mi país, los niños pueden salir de casa, puedo no verles en 10 horas y tener la absoluta certeza de que no les va a pasar nada”. Supongo que los adultos también, le sugiero, pensando en que Islandia está absolutamente alejado de la locura terrorista que aflige al mundo, sin dejar de ser, al mismo tiempo, un país que tiene agua corriente. Electricidad e Internet de banda ancha. “Lo mejor de Islandia”, insiste Gudjohnsen con pasión, “es que es el lugar más seguro del mundo”.

Y no sólo el más seguro, sino, según Victoria Abril, el mejor. Le cuento a Gudjohnsen que he leído hace poco un breve artículo de revista en el que la actriz española decía, después de rodar allí una película llamada 101 Reykjavik, que Islandia era un país tan ejemplar que los jefes de Gobierno de todos los países del mundo deberían ir a pasar allí un par de semanas para ver cómo es una sociedad ideal. El jugador más famoso de la historia del fútbol islandés alza una ceja y sonríe, como reconociendo que sí, que no vendría mal la idea.

Queda un último asunto que necesitaría mencionarle antes de; despedirme de él. ¿Me puede sugerir algunas personas a las que entrevistar? Tal vez viejos amigos suyos, vecinos, gente del mundo del fútbol, expertos en general, que puedan ayudar a darme una visión razonablemente exhaustiva de lo que hace que Islandia sea Islandia.”Sabía que iba a preguntarme eso”, dice. “y he reflexionado un poco. La verdad es que sólo hay una persona”.

¿Sólo una? “Una, sí, una persona que estoy segura de que le va a proporcionar todo lo que necesita”. ¿Y quién es? “Mi mamá”. ¿Su mamá? “Sí, mi mamá”.

. Durante las cuatro horas de vuelo con lcelandair a Reykiavik me preparo para mi encuentro con la madre de Gudjohnsen, cuyo número de móvil el futbolista me ha dado, leyendo un poco sobre su país.

Algunos datos:

– Islandia es el único país de la OTAN que no posee Fuerzas Armadas, puesto que fueron abolidas en el siglo XIII.

– Sólo una ínfima parte de los 679 policías del país –una unidad de crisis llamada Los Vikingos- lleva armas; el índice anual de asesinatos es inferior a cinco y la suma total de la población carcelaria es 118.

– Islandia tiene la mayor densidad de teléfonos móviles per cápita del mundo (hay más móviles que habitantes), y las tres cuartas partes de la población están conectadas a Internet.

– La mortalidad infantil es la quinta más baja del mundo y la expectativa de vida es sólo inferior a la de otros 10 países, entre los 226 del planeta.

– Reykiavik es la capital más septentrional del mundo e Islandia está más al norte que la mayor parte de Alaska, pero, aunque los inviernos son oscuros, la temperatura es varios grados más suave que la de Nueva York.

– Islandia presume de tener el Parlamento más antiguo del mundo, el Althing, fundado en 930.

– Todos los hogares tienen agua caliente gratuita por cortesía de la naturaleza, gracias a los pasadizos subterráneos de tipo volcánico; en ningún otro país hay documentadas tantas erupciones volcánicas, y posee 33 volcanes.

– Islandia (que tiene el tamaño de Inglaterra) es el séptimo país menos densamente poblado del mundo (el primero es Mongolia) y el número 25 en la lista de países menos habitados (el primer lugar lo ocupa el Vaticano).

– Porcentaje de tierra cultivable: 0,07; porcentaje cubierto de glaciares: 12.

– El primer país en exportaciones es el Reino Unido; el quinto, España (pescado).

– Islandia legalizó el matrimonio gay en 1996.

– No existen la educación privada ni la sanidad privada: los servicios públicos son tan buenos que no hay demanda.

– Los islandeses hacen tantas inversiones en el extranjero que sus bancos están creciendo a más velocidad que los de cualquier otro país.

– Los islandeses compran más libros per cápita que cualquier otro país del mundo.

Además, inventaron la novela, o algo muy parecido. Jorge Luís Borges era un tremendo admirador de las sagas islandesas, sobre las que escribió: “En el siglo XII, los islandeses descubren la novela, el arte de Cervantes y de Flaubert, y ese descubrimiento es tan secreto y tan estéril para el resto del mundo como su descubrimiento de América”. Los hallazgos arqueológicos realizados en Terranova confirman que fue un islandés, Leifur Ericsson, quien descubrió América, si bien Ericsson y sus contemporáneos no se establecieron allí como harían los españoles 500 años después, en el Caribe. Borges se equivocó al decir que las sagas se habían escrito en el siglo XII (fue en el XIII), pero si es cierto que las sagas se anticipan a la novela, porque son relatos lineales en prosa, con un principio, un nudo y un desenlace, y unos héroes que viven aventuras. Pero lo que constituyen es, con su inexorable melodrama (he leído la Saga de Njal, que está traducida al español, y he hojeado alguna más), versiones vikingas de los culebrones de televisión contemporáneos. Dinastía con cascos de cuernos -y más sangre-. Los temas son el amor, la traición y la venganza, y gran parte de la acción se desarrolla en torno a mujeres manipuladoras e intrigantes, los malvados prototipos de Lady Macbeth y la Alexis de Joan Col1ins.

El único parecido que puedo verle a Olor Einarsdottir, la mamá de Gudjohnsen, con Joan CoIlins es lo joven que parece para su edad. Me esperaba lo que se me había anunciado, una madre. Sin embargo, lo que encontré fue una mujer alta, delgada, rubia, toda enjoyada, con zapatos de tacón y unos vaqueros ceñidos, a la que muy bien habría podido tomar por la novia de Gudjohnsen, o por un miembro del reparto de la serie de la televisión británica Mujeres de futbolistas. Pero, antes de hablar con ella, contaré cuáles fueron mis primeras impresiones de Islandia.

El trayecto de 40 minutos en autobús, a las tres de la mañana, bajo la luz del amanecer (en verano, hay luz de amanecer toda la noche), me permitió ver un paisaje de lava oscura, llano y accidentado, tan desprovisto de vida -ni un solo arbusto, ni una brizna de hierba- que entendí inmediatamente lo que había leído alguna vez de que la NASA enviaba allí a sus astronautas a entrenarse en la época de los viajes a la Luna. ¡Y ése era el rincón de Islandia en el que viven dos tercios de la población! No me pareció extraño que durante los siglos de colonización danesa, un rey de Dinamarca pensara en una ocasión que lo mejor que podía hacer por sus remotos súbditos era despoblar la isla y transportar a todos sus habitantes a varias colonias que poseía en las Indias Occidentales.

El rey, que cambió de opinión, se habría sorprendido al saber que, 200 años después de su muerte, una ciudad portuaria de cabañas y nativos medio muertos de hambre, a la que llegaban, por término medio, dos barcos al año desde tierras extranjeras, se ha convertido en una de las mecas más de moda para millonarios y jóvenes en busca de fines de semana de raves, procedentes de Europa occidental o del equidistante Estados Unidos. Lo único que pude ver al salir a pasear al centro, a las nueve de la mañana del domingo, fue a unos cuantos rezagados de las actividades nocturnas bebiendo café-muy bueno, como todo el que se bebe en Islandia- en el urbano Café Paris, que, por cierto, servía los mejores croissants que he comido al norte de Buenos Aires. Las camareras hablaban un inglés perfecto, igual que todos los taxistas. Antes de entrar en mi primer taxi islandés, esperé a que saliera una anciana islandesa. Vi cómo entregaba su tarjeta de crédito al conductor, que la pasó por una máquina colocada en el salpicadero y luego le daba el recibo para que lo firmara. Al llegar al aeropuerto de Reikiavik había cambiado un montón de dinero, porque había oído que Islandia era muy caro, pero pronto descubrí que, para los islandeses, el dinero en efectivo pertenece a la Edad Media. Pagar con dinero delata inmediatamente que uno es extranjero. Los islandeses pagan sus cigarrillos, sus cafés, todo, con tarjetas de plástico.

El taxista tenía alrededor de 50 años y unos brazos como jamones, pero hablaba inglés como un nativo. Mejor, incluso. El islandés, por lo general, habla inglés mejor, con más corrección, que la típica persona inglesa. Después de 10 días allá no me cabe la menor duda. Tiene que ver con un sistema educativo que es manifiestamente superior, además del uso de subtítulos no sólo en todos los cines, sino en todos los programas de televisión cuya lengua original es el inglés. Hablar inglés en Islandia es tan corriente y natural como hablar castellano en Cataluña. Por eso, casi todo el mundo habla un tercer idioma.

Lo más sorprendente del centro de Reikiavik, aparte de una catedral peculiar y extrañamente grande -una arquitectura que igual podría pertenecer al siglo XII que al XXII, a una saga que a una novela de ciencia ficción-, es el número de bebés y de embarazadas jovencísimas que hay. La segunda cosa es la densidad de restaurantes y bares (sushi, tapas, indios, mexicanos, asiáticos de fusión, italianos, franceses, además de tabernas islandesas tradicionales en las que se sirve ballena, frailecillo, cormorán y tiburón putrefacto). La tercera, la escasez de farmacias, y ninguna, que yo haya visto, con la profusión de medicinas para problemas estomacales que se suelen ver en el mundo occidental. Con un sistema de salud gratis tan bueno y una expectativa de vida tan larga, está claro que éste es un negocio en el que no merece la pena invertir. En cuanto a la calidad de las tiendas de moda y de diseño (en las que se ven marcas locales compartiendo el espacio, orgullosas, con los grandes nombres italianos), las tiendas de delicatessen en las que se encuentra jamón ibérico y las ubicuas librerías, quizá no asombraría si estuviéramos, por ejemplo, en Copenhague. Pero estamos en una ciudad de 100.000 habitantes (o sea, del tamaño de Algeciras u Orense) que a las nueve de la mañana de un domingo tiene el aire, los colores y las dimensiones –sobre todo en sentido vertical, porque todos los edificios son bajos de la aldea de pescadores ártica y remota que hasta hace muy poco fue.

“Me sorprende que le haya enviado mi hijo. a verme, porque siempre me está diciendo que no debo hablar con la prensa”, comienza Olor Einarsdottir, mientras cierro la boca que se me ha quedado abierta y me repongo de la sorpresa que me ha causado oír que es ya abuela por triplicado. Esa ha sido su respuesta cuando le he dicho que me costaba creer que tuviera un hijo de 28 años. En cuanto a su sorpresa porque su angélico Eidur me haya enviado, le explico que no tengo ningún interés, en estos momentos, en hablar de fútbol ni, ya puestos, de su hijo.

“Si lo que quiere es aprender cosas de nuestro país”, declara la bella señora Einarsdottir -sonriente, pero de firme apretón de manos y mirada segura-, “lo que le recomiendo que haga durante el tiempo que esté aquí, con cualquiera al que entreviste, es preguntar cómo es posible que, en el plazo de 20 años, hayamos pasado de ser un país pobre, oscuro y atrasado a ser uno de los lugares más modernos, prósperos y en expansión de la Tierra”.

Así se lo prometo, y ella mira en su ordenador una lista con los nombres y los números de personas a las que debo ver. Es la eficacia personificada, como claramente tiene que ser para dirigir una operación logística que, en los ajetreados meses de verano, recuerda a los desembarcos del Día D, pero todos los días de la semana. La empresa que posee es la mayor compañía de turismo de aventura en Islandia. Activity Group tiene 100 motonieves y media docena de gigantescos todoterreno para hielo, seguramente lo más parecido a un ejército que tiene Islandia. Su segundo marido (el padre de Gudjohnsen es un ex futbolista profesional que jugó, en Holanda y Bélgica) es socio en la empresa y además tiene tiempo para ser uno de los máximos responsables de la policía del país, el jefe de la unidad armada de Los Vikingos.

“Somos el pueblo más afortunado del mundo… ahora”, dice la madre del futbolista, que vivió 16 años en Europa continental con su primer marido. “Hemos cambiado y nos hemos enriquecido en muy poco tiempo. Antes de nuestra independencia de Dinamarca, en 1944, antes de que los británicos y los americanos establecieran bases militares aquí en la Segunda Guerra Mundial, éramos una de las naciones más pobres de la Tierra”. ¿África con más frío? “Exacto”, sonríe. “La gente tenía que ser recia. No se trabajaba para gastar, gastar como vemos hoy, sino para sobrevivir. Hoy, éste es el lugar perfecto para vivir. Muy seguro, sin pobreza, el mejor sitio para criar hijos. Y de pronto tenemos tanto dinero que no sabemos qué hacer con él. Los islandeses -ya verá- están obsesionados con comprar los últimos caprichos, los más nuevos. Nuestros coches son todos nuevos. Viajamos por todo el mundo. La gente en el extranjero no sabe casi nada de nosotros, pero nosotros sabemos todo sobre ellos”.

Como para probar que tiene razón, al salir de su oficina entablo conversación con los conductores de uno de sus megajeeps para hielo, un hombre grandón de treinta y tantos años. “¿Barcelona?”, dice. “¡La mejor ciudad del mundo!”. Una joven secretaria levanta la vista de la pantalla de su ordenador. “No”, dice. “Madrid es mejor. Más vida”. “¡Pero el tráfico de Madrid…!”, responde el conductor, que no sufre precisamente ese problema entre los glaciares. “Pero Madrid tiene menos turistas”, replica la secretaria. El debate podría haber continuado todo el día, si no hubiera llegado mi siguiente taxista, que también habla inglés estupendamente. La madre del futbolista me da la mano con firmeza, me desea buena suerte y, mirándome ‘a los ojos, dice: “Éste es un país único y asombroso. Ya verá”.

Fuente: El País, lunes 21 de agosto de 2006

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